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La historia de tu vida: Ted Chiang y el principio de Fermat

En ocasiones, la ciencia ficción plantea conceptos filosóficos que no solo llevan a la meditación, sino que expanden la perspectiva desde la que miramos todas las cosas. Un buen ejemplo de esto es el cuento «La historia de tu vida» de Ted Chiang, en el que, valiéndose de conceptos científicos reales (como el principio de Fermat), presenta un escenario peculiar digno de analizar.
En la ficción, cuando los humanos tienen contacto con seres extraterrestres, se generan experiencias inéditas en las que lo humano es contrastado con aquello que no lo es. Se pone en perspectiva la forma en la que percibimos y procesamos lo que nos rodea. Esto hace que surjan toda clase de preguntas: ¿Por qué pensamos de determinada manera? ¿Cómo percibimos el mundo? ¿Por qué hacemos las cosas de cierto modo? ¿Existe otra forma de hacerlas? Es decir, lo alienígena nos hace profundizar en el significado de lo humano.
Uno de estos aspectos a considerar es el tiempo. Si quieres meter en aprietos a un filósofo, pregúntale qué es el tiempo; y si quieres meter en aprietos a un científico, pregúntale lo mismo. Todos lo hemos experimentado e incluso hemos tratado de definirlo; sin embargo, tras miles de años en que ha habido grandes pensadores, hoy en día no tenemos un consenso sobre lo que realmente es y cómo funciona.
Por ejemplo, en el siglo IV, San Agustín escribió una reflexión famosa: «¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé». Newton concebía el tiempo como absoluto, pero Einstein cambió ese paradigma con su teoría de la relatividad. Así, pues, encontrarás tantas definiciones como dígitos de pi.
«La historia de tu vida» aborda la percepción del tiempo y el libre albedrío, a partir de la lingüística y la física. Interesante, ¿verdad?
Sinopsis de «La historia de tu vida» – sin spoilers

«La historia de tu vida» es un cuento largo o novelette (según a quién le preguntes) de primer contacto, que pertenece a la colección de cuentos del mismo nombre; es decir, el libro se llama como el cuento.
En la historia, unas misteriosas naves extraterrestres aparecen en la Tierra, y la lingüista Louise Banks es reclutada para comunicarse con los tripulantes: una especie nada parecida a los humanos, cuya lengua y forma de percibir el mundo son completamente distintas a las nuestras.
Louise no solo narra en primera persona su experiencia con los extraterrestres, sino que también se dirige a su hija, y lo hace en segunda persona. Verás que los tiempos verbales de la narración te van a descolocar, pero sé paciente; al final todo encaja.
La lingüista encuentra que hay una diferencia marcada entre el lenguaje hablado, heptápodo A, y el escrito, heptápodo B. El hablado es descrito como una combinación de sonidos producidos con un aparato vocal muy distinto del humano. Mientras Louise intenta descifrar el extraño lenguaje, se da cuenta de que los extraterrestres y los humanos perciben el tiempo de manera diferente.
Esto la lleva a cuestionarse algunas de las ideas más básicas sobre el tiempo, la causalidad y la propia naturaleza de la realidad.
La relación con el principio de Fermat
Este principio fue formulado por Pierre de Fermat en el siglo XVII. En términos generales, establece que la luz, al viajar de un punto a otro, sigue la trayectoria para la cual el tiempo de recorrido es estacionario. Ojo, que el tiempo de recorrido sea estacionario no significa que sea el mínimo.
Si te pasó como a mí, que no entendí el principio la primera vez que lo leí, trataré de explicártelo mediante una sencilla ilustración: Imagina que una pelota salió volando por los aires y cayó en un lago. Se encuentra en diagonal con respecto a la línea de la orilla del lago.

Podrías pensar que, para ir a recogerla en el menor tiempo posible, deberías ir en línea recta hasta su posición, pero eso es falso, ya que si tomas en cuenta que puedes correr más rápido de lo que nadas, es preferible correr que nadar. De esta manera, existe un punto determinado de la orilla por el que te conviene entrar al agua para que el tiempo total sea el menor posible.
La trayectoria óptima se vería más o menos así: primero avanzarías por la playa hasta una posición como la de la imagen, y después nadarías hasta la pelota.

Es decir, la trayectoria que debes seguir para llegar en el menor tiempo posible a la pelota no es la línea recta, debido a que tu velocidad es diferente cuando corres y cuando nadas.
Por otro lado, cuando la luz pasa del aire al agua se produce la refracción, que puede hacer que cambie de dirección. La trayectoria que sigue es aquella para la que el tiempo de recorrido es estacionario, teniendo en cuenta las diferentes velocidades de propagación de cada medio; que, visto de otro modo, es como si hubiera «ajustado» su trayectoria para optimizar el tiempo de recorrido.
Quizá te preguntes: ¿Qué no la velocidad de la luz es constante? Eso hemos escuchado y es verdadero si hablamos de su velocidad en el vacío; pero sí cambia según el medio en el que se propague. Por lo tanto, para llegar del punto A al B, le sucede algo parecido a lo que te sucede a ti cuando vas por la pelota.
Tú optimizas el tiempo de manera consciente, la luz solo se comporta así. No es que el haz «supiera» qué trayectoria debía seguir y calculara la ruta óptima; simplemente, así está constituido el universo. Lo que llama la atención es que la trayectoria física satisface la condición de tiempo estacionario.
Así, en vez de describir el evento paso a paso: la luz parte de A, llega a un punto intermedio, se desvía y continúa hasta B; gracias a este principio, podemos describirlo de manera global, tomando en cuenta en conjunto los puntos inicial y final y la trayectoria que los conecta.
En otras palabras, Fermat introdujo una nueva forma de describir el comportamiento de la luz, desde una perspectiva de conjunto. Esto abrió la puerta para que, posteriormente, se comenzaran a describir otros fenómenos físicos mediante principios variacionales, como los de la mecánica clásica, del electromagnetismo, de la relatividad y de la mecánica cuántica.
De Fermat a Ted Chiang
A partir del principio de Fermat, podríamos plantear una pregunta similar a la que explora Ted Chiang: ¿Qué pasaría si el tiempo, a pesar de que lo percibimos de modo secuencial, pudiera experimentarse como un todo? Elaboró alrededor de esta idea una historia muy humana (a pesar de los extraterrestres), llena de análisis, reflexión, asombro y sentimiento.
La protagonista parte de los análisis lingüísticos de la desconocida lengua alienígena, pero, conforme avanza la historia, comienza a obtener sus propias conclusiones de lo que está pasando. Me gustaría comentar más cosas de la trama, pero no lo haré (me morderé los dedos), pues no quisiera arruinarte la experiencia de leer este admirable cuento.
Cuando lo termines, estoy seguro de que te pondrá a pensar y te plantearás algunas preguntas importantes. Así como a Fermat la observación de un fenómeno conocido lo llevó a su comprensión desde otra perspectiva, es posible que la historia te ayude a observar los fenómenos que te rodean desde un ángulo nuevo y los comprendas mejor.
Conclusión
En nuestra experiencia, el tiempo es una sucesión de eventos, pero eso no significa que sea la única manera de concebirlo. Es posible que sigan transcurriendo los años y no lleguemos a la definición definitiva; quizá sea porque hacerlo está fuera de nuestras capacidades. Eso no impide que meditemos en su significado e implicaciones.
«La historia de tu vida» nos deja con más preguntas que respuestas, supongo que eso pasa cuando hablas de algo tan enigmático como el tiempo.
No es que el principio de Fermat demuestre que la historia de Ted Chiang tenga fundamento científico… El cuento es solo una especulación… o no. Después de todo, ¿quién sabe exactamente qué es el tiempo?
¡Hasta pronto!




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