Inteligencia artificial: de la ficción a la realidad

Es fascinante la relación que tienen la ciencia y la ficción. Podría decirse que un día se encontraron, se besaron y ahora tienen un hijo guapo llamado ciencia ficción, que comparte ADN de ambos padres. Uno de estos elementos compartidos es el uso y desarrollo de la tecnología, que se entiende como la serie de herramientas que permiten explorar y desarrollar ideas, plantear hipótesis y abordar posibilidades. Una de las más nombradas es la inteligencia artificial, que sin duda es de gran importancia, tanto para la ciencia como para la ficción. Pero ¿cuál de las dos la imaginó primero? ¿Cuál impulsó a la otra? 

Para poder responder, primero se debe resolver este caso tipo «qué fue primero, el huevo o la gallina». Por eso haremos un repaso histórico de la aparición de la inteligencia artificial en ambos ámbitos.

Antecedentes de la inteligencia artificial en la ficción

Sabemos que la fascinación humana de imaginar seres no humanos, con la capacidad de pensar y actuar por sí mismos, se remonta milenios atrás en la historia. Dos buenos ejemplos son Humbaba de la Epopeya de Gilgamesh (segundo milenio a. C.) y los cíclopes de la Odisea (siglo VIII a. C.). Pero no fue sino hasta fines del siglo XIX cuando se realizaron las primeras publicaciones donde se imaginaron los primeros seres artificiales.

Tal es el caso de Erewhon, de Samuel Butler (1872), donde, a lo largo de tres capítulos, se plantea la posibilidad de que las máquinas, al evolucionar más rápido que los organismos biológicos, terminen siendo superiores al ser humano. Esto hace que los habitantes de Erewhon tomen medidas extremas para tratar de evitarlo (es que donde entra el miedo, sale la razón).

En la obra de teatro R.U.R. del checoKarel Čapek (1920), una fábrica produce seres humanoides artificiales de origen biológico, destinados a realizar las arduas labores del trabajo humano. Todo marcha bien hasta que un día los llamados robots adquieren consciencia y se rebelan contra los humanos. A pesar de que no se menciona el término «inteligencia artificial» como tal, la obra hace una reflexión sobre las posibles consecuencias de producir seres inteligentes. Aquí tienes además el origen del término «robot», que viene de la palabra checa robota, que viene del término eslavo rab, que significa ‘esclavo’, y que antiguamente se usaba para referirse al ‘trabajo forzado’ o al ‘trabajo pesado’.

En Metrópolis de la alemana Thea von Harbou (1925), un científico crea un robot humanoide, con apariencia de mujer, capaz de imitar al ser humano. Tiene una conducta inteligente, sin llegar a poseer una inteligencia artificial como la que conocemos hoy. La novela aborda la desigualdad social, la explotación laboral y los peligros de la tecnología cuando se pone al servicio del poder.

Desde sus primeros relatos, como Robbie (1940), Asimov introdujo la idea de robots con inteligencia artificial, capaces de razonar y tomar decisiones. Más allá de verlos como una amenaza, humanizó a los robots y mostró algunos de los problemas derivados de convivir con ellos. En Yo, robot (1950), colección de relatos, reunió y desarrolló muchas de sus ideas acerca de la inevitable necesidad de relacionarnos con ellos. 

En ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), Philip K. Dick presenta androides con capacidades cognitivas y conductuales tan avanzadas que nos hace cuestionar la diferencia entre los humanos y las máquinas. Si una máquina inteligente puede llegar a desempeñar las mismas funciones que nosotros, incluso de mejor manera, vale la pena que nos preguntemos: ¿Qué nos hace humanos? (¡La respuesta no es Captcha!).

En 1968, Arthur C. Clarke escribió 2001: Una odisea del espacio, en la que HAL 9000 es una computadora inteligente que puede hablar, razonar, tomar decisiones y controlar los sistemas complejos de la nave que transporta la tripulación. De camino a realizar una misión, entran en conflicto los objetivos de los seres humanos y los de la inteligencia artificial, que es más capaz que ellos. 

Podemos observar que, en pocos años, la ficción pasó de imaginar máquinas con el potencial de superarnos a máquinas inteligentes, con aspecto humano, que definitivamente nos superan en inteligencia y capacidades a los seres humanos. Esto nos ha llevado a formular preguntas de carácter filosófico y moral, con respecto a nuestra relación con las inteligencias artificiales. 

Lo que comenzó como una mera especulación nos llevó a preguntarnos si realmente una máquina podría pensar como lo hacemos nosotros. Sabemos que las máquinas pueden realizar procesos que asociamos con el pensamiento humano, aunque no sabemos si experimentan esos procesos de la misma manera que nosotros. Es decir, pueden procesar información, resolver problemas, tomar decisiones y aprender; pero no pueden tener experiencias subjetivas. Por ejemplo: pueden conocer la longitud de onda o el código numérico, como el RGB, que representa al color rojo, pero nunca han visto el color rojo.

El nacimiento de la inteligencia artificial

En 1943, los neurocientíficos Warren McCulloch y Walter Pitts publicaron un artículo en el que propusieron un modelo matemático de cómo podrían funcionar las neuronas como elementos lógicos. El trabajo es considerado uno de los antecedentes fundamentales de las redes neuronales artificiales y de la IA. Entonces surgió la pregunta: Si ciertos procesos del cerebro pueden representarse matemáticamente, ¿podrían reproducirse también mediante una máquina?

Alan Turing se preguntó si las máquinas podían pensar y, en 1950, con el famoso test de Turing, realizó un intento de evaluar la capacidad de una máquina de mostrar el comportamiento y la inteligencia como los de un ser humano. El test consistía, simplificado, en que un evaluador mantuviera una conversación escrita con un humano y con una máquina, sin saber cuál era cuál. Si el evaluador no podía distinguirlos de forma fiable, la máquina habría superado el test. Enric, del canal de YouTube Adictos a la Filosofía, en su video ChatGPT pasó el Test de Turing (tengo miedo) lo explica de manera muy amena.

En el verano de 1956, se llevó a cabo la conferencia de Dartmouth, liderada por John McCarthy, en la que se propuso el proyecto de investigación de la inteligencia artificial. Es aquí cuando nace formalmente la IA como campo de investigación. 

Ese mismo año, salieron a la luz los primeros programas capaces de resolver problemas, como Logic Theorist o General Problem Solver. El segundo podía, además de abordar problemas de lógica, resolver rompecabezas.A la par, Arthur Samuel desarrolló un programa para jugar a las damas, que incorporaba técnicas que permitían mejorar su estrategia a partir de la experiencia. Por eso suele considerarse uno de los primeros ejemplos importantes de aprendizaje automático (machine learning).

La literatura llevaba décadas imaginando máquinas inteligentes; ahora los científicos comenzaban a intentar construirlas. 

Debido a los logros obtenidos en años anteriores, creció el entusiasmo en torno a la IA. A mediados de los años sesenta, algunos llegaron a pensar que no pasarían más de dos décadas para que las máquinas llegaran a realizar las mismas actividades que una persona. Sin embargo, las limitaciones tecnológicas demostraron que alcanzar una inteligencia comparable a la humana era mucho más difícil de lo previsto. La decepción que se llevaron resultó en dos periodos en los que disminuyeron la financiación y el interés, que serían conocidos como los «inviernos de la IA».

De la ficción a la realidad

En los primeros sistemas de IA, los programadores tenían que introducir a mano las reglas que debía seguir la máquina, pero el machine learning permitió que  esta aprendiera a obtener las reglas a partir de patrones de datos. En la actualidad, en lugar de hacer todo el trabajo manual, se proporciona a la máquina una gran cantidad de ejemplos y un método para encontrar patrones en ellos. En general, la IA adquiere información, aprende patrones o construye representaciones que le permiten realizar determinadas tareas. 

Por ejemplo, si queremos que un sistema reconozca gatos blancos en fotografías, podemos mostrarle miles o millones de imágenes previamente clasificadas. El sistema ajusta sus parámetros hasta aprender qué características suelen estar asociadas con esas imágenes. Después puede utilizar lo aprendido para analizar fotografías que nunca había visto.

Gracias a los avances científicos en el campo de la inteligencia artificial, se desarrollaron máquinas capaces de realizar diversas tareas como:

  • Reconocer patrones en voz e imágenes
  • Generar texto a partir de los modelos grandes de lenguaje (¡algunas veces han aprobado algunas pruebas del test de Turing!)
  • Componer canciones
  • Diseñar imágenes y video

También la IA puede analizar grandes cantidades de información, lo que le permite:

  • Ayudar en el diagnóstico médico
  • Descubrir nuevos medicamentos y materiales
  • Predecir fenómenos y resolver problemas en diferentes campos como:
    • Ciencia
    • Industria
    • Finanzas
    • Agricultura
    • Otros

A mediados del siglo pasado, la IA comenzó a dar sus primeros pasos. A principios de este comenzó a caminar y en el presente está corriendo y desplegando las alas para volar.

¿Quién imaginó primero a la IA?

Tomando en cuenta lo anterior, se puede decir que, desde antes de los primeros trabajos formales de investigación de la inteligencia artificial, la ficción ya había estado imaginando máquinas que podían llegar a tener capacidades mayores que las de los humanos. Es decir, la ficción ha ido décadas por delante de los avances de la ciencia. 

Muchas cosas que alguna vez parecían inalcanzables hoy forman parte de nuestra vida cotidiana. Esto nos hace imaginar lo que las máquinas serán capaces de hacer en un futuro distante.

Y no es que la realidad esté copiando exactamente a la ciencia ficción. Más bien, algunas de las capacidades extraordinarias que tiene la inteligencia artificial real son mayores que las que la ficción imaginó, pero también tiene limitaciones muy diferentes de las que tradicionalmente imaginaron los escritores. En otras palabras: la realidad no es tan predecible como podríamos pensar.

La inteligencia artificial del futuro

En el pasado muchos han temido al desarrollo de las máquinas, y podemos asegurar que sucede lo mismo en el presente. No los culpo, hasta cierto punto es natural temer lo desconocido. No obstante, mientras no se desarrolle una consciencia artificial, estamos lejos de que las máquinas representen un peligro para la humanidad. Más bien debemos temer a quienes usan las máquinas con fines no éticos.

La inteligencia artificial del futuro estará al servicio de la humanidad y no al revés. Nos brindará una mejor calidad de vida y permitirá conocernos mejor a nosotros mismos y también al entorno próximo y lejano que nos rodea.

Reflexión final

Sabemos que, en cuanto a la IA, hay décadas de distancia entre la ficción y la realidad. Sin embargo, en los últimos años se ha acortado la distancia. Se considera que en la actualidad el desarrollo tecnológico tiene un crecimiento exponencial. Es decir, que la brecha continuará acortándose a pasos cada vez mayores

¿Qué pasaría si el desarrollo de la ciencia y tecnología fuera a la par de lo que la ficción pudiera imaginar, o incluso se revirtiera la situación? Cuesta trabajo imaginarlo, pero no por ello deja de ser una posibilidad. Bueno, es solo una idea. Es tiempo de dar fin al artículo.

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