Snow Crash: una advertencia sobre la manipulación de masas

No es que uno sea conspiranoico, pero a veces la manipulación de masas parece ser la única explicación coherente ante la falta de criterio o el sesgo cognitivo de algunas personas. A todos nos ha pasado por la mente la posibilidad de que, en algún momento, las grandes corporaciones han tomado el control de las instituciones más importantes, incluidos los gobiernos, y están influyendo sistemáticamente en la opinión de las personas, con el fin de alcanzar un beneficio propio, a costa del ajeno. ¿Será que nos dirigimos a una sociedad como la de Snow Crash?

Está claro que, en el pasado, quienes han tenido un hambre desmedida de poder se han atrevido a transgredir los límites de la ética y la razón y han recurrido a cualquier medio disponible para conseguir sus malvados objetivos. Si la historia está repleta de estos hombres, ¿por qué hoy sería diferente? (Silencio incómodo). La respuesta no es alentadora. 

 Sin duda, la ciencia ficción nos sirve para imaginar cómo sería el mundo si partiéramos de una premisa como esa y después presionáramos el botón de avance rápido del control remoto de la vida, para ver lo que sucede. Si te interesa leer libros relacionados con esta temática, hay varios que podrías leer, como Oryx y Crake (2003) de la distinguida autora canadiense Margaret Atwood o la sátira Jennifer Government (2003) de Max Barry; pero quisiera hablarte de otro libro que, a pesar de que tiene poco que leí por primera vez, se volvió uno de mis libros favoritos de ciencia ficción.

Snow Crash: El poder de las corporaciones

Snow Crash es una sátira de ciencia ficción distópica y ciberpunk, escrita por el estadounidense Neal Stephenson en 1992, que te sacará algunas risas con algunos de los disparates que ocurren allí. No obstante, es una novela que aborda temas serios e intelectuales y lleva al límite algunas de las ideas que presenta. 

La novela combina ciberpunk, hackers, realidad virtual, inteligencia artificial, corporaciones, acción y sátira social. Se le conoce por haber popularizado el concepto de metaverso mucho antes de que se convirtiera en un término que usamos de manera habitual.

Nota: Reseña libre de spoilers.

La historia está ambientada en un futuro cercano en el que Estados Unidos se ha fragmentado en una multitud de enclaves privados, corporaciones y comunidades independientes. Cada enclave tiene su propio sistema legal y sus propias reglas, que hacen valer con su propia fuerza de seguridad privada.

El héroe y protagonista, Hiro Protagonist (sí, ¡leíste bien!), trabaja como repartidor en CosaNostra Pizza, una empresa controlada por La Mafia (así con mayúscula porque es una franquicia), que tiene políticas de entrega un tanto… digamos que peculiares (ya las conocerás cuando la leas). El Metaverso es un mundo virtual, donde Hiro lleva una segunda vida como hacker y espadachín. Ahí descubre una misteriosa y nueva droga llamada Snow Crash, capaz de afectar tanto a los usuarios del Metaverso como al cerebro humano en el mundo real. Esto despierta la curiosidad de Hiro, y este comienza a investigar su origen.

Durante su investigación se une a T.A., una joven que también trabaja como repartidora, pero no de pizzas, sino que hace entregas para diferentes empresas y particulares en Los Ángeles, ayudada de su patineta y dispositivo de succión magnética. La búsqueda los lleva a Raven, un peligroso y despiadado mercenario. No saben de qué manera se relaciona con la poderosa sustancia, pero no tardarán en descubrirlo.

No te cuento más de la historia porque no quiero arruinarte la lectura. Mejor, si te gustaría conocer lo que pasó con Raven, las dificultades que Hiro y T.A. enfrentaron y sus descubrimientos a lo largo de su agitada investigación, hazte de Snow Crash en cuanto tengas la oportunidad.

La importancia de Snow Crash

Podría parecer que las novelas como esta no tienen otro propósito más que entretener, incluso hay quien podría opinar que leerlas sería una pérdida de tiempo. Es muy respetable su (equivocada) opinión, pero no hay nada más alejado de la realidad. Toda obra bien cuidada de ficción, que experimenta con escenarios hipotéticos alejados de la realidad, ayuda a que nos hagamos preguntas que no nos haríamos con otro tipo de historias, y que, al responderlas, hacen que nos comprendamos mejor a nosotros mismos y a los demás.

Snow Crash hace que nos mantengamos alertas ante la posibilidad real de caer en un escenario semejante al de la historia. Nos lleva a reflexionar, no solo sobre la responsabilidad que tienen las grandes corporaciones debido a su influencia y poder, sino también acerca de la responsabilidad que tenemos todos como individuos. ¿Qué podemos hacer hoy para evitar que nos suceda lo que pasó en la historia? ¿Lo estamos haciendo? La respuesta no es sencilla, pero al menos tenemos la pregunta.

Acompañar a Hiro y T.A. a lo largo de la historia nos permite conocer sus pensamientos y entender sus acciones. Podemos juzgarlos, determinar si hicieron lo bueno o lo malo; pero también podemos practicar la empatía, que tanta falta nos hace. Estoy seguro de que también se te ocurren aspectos positivos que ganamos al leer una historia como Snow Crash. Así también lo entendía Terry Pratchett, y lo plasmó en la siguiente frase:

«Las historias son importantes. La gente cree que son solo palabras, pero las palabras tienen peso. Las historias cambian el mundo porque cambian la forma en que la gente ve el mundo»

—Novela: Ritos iguales (Saga Mundodisco).

Reflexión final

Si la ambición desmedida de las grandes corporaciones produce escenarios decadentes, sería bueno que nos tomáramos más en serio este tipo de historias y nos hiciéramos de vez en cuando la esencial interrogante: «¿Por qué pienso lo que pienso?». No sea que encontremos que alguien está manipulando nuestros pensamientos, y con ello nuestras opiniones.

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